Blog de Alejandra

Cómo evitar malos pensamientos

La palabra obsesión deriva del latín y significa asediar, rodear. Se usaba para referirse cuando un ejército rodeaba un fuerte o una ciudad amurallada para luego atacarla. A veces nuestra mente está rodeada, sitiada por pensamientos obsesivos, de tal manera que nos quedamos sin fuerzas para poder defendernos de esos pensamientos que irrumpen en nuestra mente.

 

Las obsesiones son pensamientos o imágenes. A veces no viene como una frase o palabra, sino como una imagen que podemos ver y que irrumpe en nuestra mente de golpe que nos queremos sacar de encima pero no podemos hacer nada contra eso. Aparecen todos los días y tal vez mucho tiempo dentro del día. Y decimos, no quiero pensar así.

Por ejemplo, madres que han contado, a veces me viene la imagen de que estoy ahorcando a uno de mis hijos. Y esa mujer no quiere. Le viene esa imagen y se siente culpable, porque no quiere pensar de esa manera. Y siente mucha angustia porque no sabe cómo sacarse esa imagen de encima. Y siempre aparece  la misma imagen recurrente o malas palabras, no las quiere pensar, pero irrumpen de golpe. Es como que entrara un ladrón en tu casa, viene y no estás preparada para recibir al ladrón.

Entonces, las obsesiones son pensamientos o imágenes involuntarios que invaden la mente de la persona y se dan en forma repetitiva y persistente. Y como se las quiere sacar de encima, empieza a tener ciertos rituales o maneras de hacer ciertas cosas varias veces o cada vez que aparece la imagen para desprenderse de esa palabra, de esa frase, o de esa imagen.

Por ejemplo, ordenar las cosas, porque a veces le viene la idea de que está todo desordenado. Son esas personas que si el cuadrito está torcido, lo enderezan pero después lo tienen que volver a enderezar un poquito más y siempre les parece que el cuadrito está torcido. Tienen esa compulsión de enderezar todo, limpiar todo. Le ponen el moño a la hija, se lo dejan en la cabeza y le van corrigiendo todo el tiempo. La obsesión de la perfección.

Otro ritual es lavarse las manos. Hay mucha gente que se siente sucia o que tocó algo y se va a contagiar y enfermar. Se empieza a lavar las manos. Eso es un ritual que tiene y aunque siente que con eso no se le va a ir, por lo menos lo calma por un ratito, por un instante o por unas horas.

O contar, cuentan las baldosas de la vereda, siempre tienen que contar los escalones que van subiendo, todos esos son rituales para calmar un poco esa obsesión.

¿Cómo saber si tengo una obsesión o no? Haciéndome dos preguntas. Primero, ¿ese pensamiento ocupa un tiempo importante en mi vida, por ejemplo, más de una hora por día? Estoy pensando en eso, que voy a matar a mi hijo, que lo voy a ahorcar y qué va a pasarme si lo hago, voy presa… ¿Una hora estoy pensando en eso o más? Porque ahí puede ser una obsesión. Se transforma en una enfermedad y no en un rasgo del temperamento.

Y en segundo lugar, preguntarme si esto interviene en mi vida cotidiana, si por pensar eso no puedo hacer otra cosa. Cuando viene esa imagen, me paralizo y tengo que dejar todo lo que estoy haciendo y no puedo seguir adelante. O por hacer ese ritual, tengo que volver 20 veces a mi casa para ver si apagué la luz, porque salgo y siento que dejé la luz prendida y que eso puede causar un incendio. Voy al trabajo pero cuando voy a tomar el colectivo me vuelvo a casa, vuelvo a chequear que haya apagado la luz. Cuando salgo digo, ¿y si no la pagué bien? ¿Y si quedó mal? ¿Y si se prende y se quema todo? Entonces, me perdí el colectivo, llegué tarde al trabajo, etc., etc. Si interfiere en mi vida y en mi actividad cotidiana, estoy hablando de una obsesión.

¿Cuáles son las obsesiones más comunes? Contaminarse, gente que tiene miedo a enfermarse porque alguien tosió y a contagiarse una enfermedad porque tocó el picaporte de la puerta. Y dice, alguien no se lavó las manos y ahora voy a contagiarme esa enfermedad. Preocupación por el orden y la simetría, eso es muy común, especialmente en las mujeres. Esto tiene que quedar así, nadie toque esto, ayer no lo había dejado de esta manera. Y lo vuelven a arreglar, lo vuelven a poner de cierta manera. Tal vez pensamientos de violencia, de agresión o que quieren matar al marido, a la suegra, a la madre, a los hijos, al jefe, etc.

Pero vienen compulsivamente, con una imagen. O tal vez imágenes o pensamientos de sexo. Alguien me contó que tenía pensamientos pornográficos o de adulterio, que ella está engañándolo con alguien o que él está engañándola con alguien, abuso de niños, la imagen de volverse una persona pervertida, todas imágenes sexuales, imágenes problemáticas.

Las obsesiones generalmente atacan a las personas donde más les duele. La mamá súper responsable con sus hijos, que los ama, que daría su vida por ellos, tal vez la obsesión venga justamente con que le parece que va a matar a su hijo, porque viene del área donde más te duele. Ataca lo que más valorás en tu vida. Por eso, si valorás a tu pareja, tal vez tenés pensamientos sexuales que lo engañás con otro, etc.

¿Cómo podemos ayudar a una persona o a nosotros mismos si tenemos estos pensamientos obsesivos? En primer lugar, aceptar que aparezca la obsesión, ese pensamiento o imagen que cuando viene irrumpe sin tu permiso. No le diste permiso para estar en tu mente. La estrategia a usar es darle permiso para estar, darle la bienvenida. Esta imagen que viene y me causa angustia, dolor, la voy a aceptar, la voy a recibir en mi mente para tener el control de eso y no sentir que no lo puedo controlar y volverme loco o loca.

No es lo mismo que alguien entre por la ventana de tu casa a que le abras la puerta. Es muy distinto. No te gustaría que alguien viniera, entrara por la ventana y dijera, acá estoy, vine a cenar con vos. Te gustaría que alguien toque la puerta, que lo hayas invitado, le abras la puerta y se siente a cenar porque vos querés.

Así pasa con todas las circunstancias en nuestra vida. Uno tiene que tener el control de la situación para no sentir que se le escapa de las manos y que no lo puede resolver. Ah, esta imagen quiere venir a mi vida, este pensamiento que voy a matar a mi hijo quiere venir a mi vida, lo acepto, lo recibo, le doy la invitación, porque cuando le doy la invitación recién ahí puedo trabajar en ese pensamiento, si no voy a sentir que me irrumpe, que me descontrolo y que no puedo hacer nada y el pensamiento tiene más fuerza que yo.

Jesús lo dijo de la siguiente manera, si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llevásela dos. Y siempre lo predicamos y pensamos que es un acto de misericordia y está muy bien. Es un acto de misericordia. Si alguien me pide la capa, le doy la camisa también. Es un acto de misericordia, pero es mucho más que eso, porque Jesús no le dijo, si alguien te pide que lleves esto un kilómetro, lleváselo un kilómetro. No dijo eso, dijo, si alguien te pide que lo lleves un kilómetro, lleváselo dos, porque ahí le estás demostrando que el que querés hacerlo sos vos, el que tiene el control de la situación sos vos. No es el otro. El otro parecía que tenía el control, pero en este caso vas a hacer más y le vas a demostrar que no tenés ningún problema en llevárselo un kilómetro y vas a hacer más que un kilómetro. Vas a hacer dos.

Porque el Señor siempre quiere que tengamos el control de nuestra vida, de nuestras emociones, de nuestras acciones, de nuestros actos, de nuestra voluntad. No quiere que seamos controladas como muñequitas por alguien, él quiere que tomemos decisiones bendecidas que salgan de nuestro deseo, de nuestro control y no porque alguien de afuera nos controle. Y cuando le decís al pensamiento obsesivo, vení, quedate, te acepto, me voy a poner a pensar en esto, matar a mi hijo, lo recibo y lo empezás a pensar. Cuando lo empezás a pensar ya tenés el control.

La enseñanza es esta, siempre tenés que tener el control de todo. No podés decir, a mí me pasa esto y no puedo hacer nada más. Este pensamiento me va a volver loca, este hombre me va a manejar la vida, mi hijo hace conmigo lo que quiere. Eso es justamente lo que el Señor enseñaba, no, el control lo tenés vos. Sos quien decidís cómo vas a actuar o cómo vas a reaccionar frente a una circunstancia para que después sea el resultado que te haya dado, no te pongas a llorar.

Cuando no decidís y alguien te manejó, después te enojás. Para qué me casé con ese hombre. ¿No decidiste casarte con ese hombre? ¿O te obligaron? Vos decidiste casarte con ese hombre. Hacete cargo de las decisiones, te vayan bien o te vayan mal, porque lo más importante en la vida es tener control de las decisiones que tomamos. Porque si no creemos que no vamos a poder solucionar nada, porque como el otro me obligó, no tengo por qué solucionarlo yo. No, tenés que tener control de las circunstancias, a mí me pasó esto, pero  hoy tengo el control para que las cosas sean transformadas. Vos decís, yo decido que voy a pensar en esto.

El otro día estuve con un chico que hace boxeo y me dice, Alejandra, vengo golpeado de todos lados, porque con las clases de boxeo me están pegando y pegando y me duele todo. Pero el profesor me dijo que tenía que ser así, que tengo que aprender a aceptar el golpe, porque cuando aceptás el golpe, después no te toma desapercibido. Sabés que te van a golpear. Y en lugar de defenderte, empezás a atacar. Sé que me van a golpear y si me acostumbro a recibir los golpes hasta que ya no me dé miedo o diga, basta de que me golpeen, si me quedo así me van a seguir golpeando. A partir de ahora golpeo yo.

¿Cuántas veces te golpearon en la vida y no hiciste nada? ¿Cuántas veces te maltrataron y no hiciste nada? Es hora de empezar a defenderte, a tomar la vida de otra manera. Tenés autoridad sobre tu vida y que si no hacés algo nadie lo va a hacer por vos. Tomá autoridad. Ya te golpearon mucho y no te defendiste. No es que no te van a golpear más, pero por lo menos te vas a defender cada vez que te golpeen.

Recibís el pensamiento, este pensamiento que es ilógico, irracional. Si amo a mi hijo, ¿cómo lo voy a querer matar? No puede ser. Y me veo con el cuchillo. Me veo con un camisón lleno de sangre. Y te hacés toda la película.

Segundo, una vez que lo recibiste, posponé la obsesión. Le decís, ahora te recibí, pero te atiendo en un rato. Ya te recibí, pero quedate ahí, y te atiendo cuando yo quiero. Volvemos a hablar del control. Podemos hablar de la autoridad que tenemos para poner las cosas en su lugar y no para que las cosas nos pasen por encima y nos aplasten.

El pensamiento vino, pero no voy a pensar en eso ahora, voy a pensar cuando yo quiera. Y decidís en qué momento del día vas a dedicarte a pensar en esa obsesión. No, ahora no. Sí, vino, te acepto, pero a la tarde vemos. A la tarde voy a dedicar 15 minutos a pensar en este tema. Les estoy dando técnicas que se dan cuando uno va a un consultorio porque tiene ese tipo de pensamientos. Lo recibo pero le digo, esperá. Así hay que trabajar con el pensamiento obsesivo.

Y en tercer lugar, tengo que ir desarmándolo de a poco. Primero, me imagino esa situación con detalles. Voy entrando a la habitación de mi hijo. Siempre me veo en la misma escena, con un cuchillo que saqué de la cocina, con el que corto la carne todos los días y voy caminando sin hacer ruido. Hay que hacerlo con todos los detalles. Y ese día me puse las chinelas de color verde, porque quería que se notaran más todavía y voy con el camisón fucsia. Voy entrando, abro la puerta, veo que mi hijo está en la cama, está tapado hasta arriba. Y digo, ahora es mi oportunidad, me acerco y le clavo el cuchillo.

Entonces, lo pensás, lo recibiste, le dijiste, a la tarde me voy a sentar a pensar 15 minutos en esto y esos 15 minutos lo llenás de detalles. ¿Cómo es esa imagen que viene a mi mente? ¿Cómo es esa frase que me dice, no te quiere nadie, sos una bruja, te están haciendo un trabajo? ¿Qué es ese trabajo que me están haciendo? ¿Quién me lo está haciendo? ¿Por qué me lo está haciendo? Te dedicás a pensar como unos 15 o 20 minutos pura y exclusivamente en esa imagen o escena. Porque cuando más lo pienses, más va a bajar la ansiedad.

Lo que es prohibido lo querés más. Al darle lugar y no prohibirlo y pensar, dedicarte mucho tiempo, llega un momento en que ya no querés pensar más. Siempre la misma escena. Ella va con las chinelas verdes, el camisón fucsia, el cuchillo con el que corta la carne. Va caminando despacio, abre la puerta, ve al hijo en la cama, todo tapado hasta arriba y le clava el cuchillo.

Otra vez. Agarra el cuchillo, tiene las chinelas verdes, el camisón fucsia, el cuchillo con el que corta la carne todos los días. Va caminando, abre la puerta, ve al hijo en la cama tapado hasta arriba, va con el cuchillo y se lo clava. Llega un momento que vos misma te decís, basta, me harté y así con cualquier pensamiento obsesivo que venga a tu mente. Dale ese espacio, ese lugar, ¿querés venir? Vení, para vos saber que tenés el control y que podés superarlo, que no te va a terminar volviendo loca.

Por ejemplo, enfermarse, toqué el picaporte de la puerta, ahora me voy a enfermar. ¿Cómo sería eso? Fui, agarré con la mano el picaporte. Tenía el anillo que me regaló mi mamá. Giré para la derecha, luego para la izquierda y luego volví a cerrar la puerta y ahí me contagié. ¿Cómo me contagié? Los gérmenes entraron por mi mano, me fueron hasta el corazón y me agarró una infección. Eso es lo que me va a pasar.

Porque la obsesión es así, con cosas incoherentes. Te lo repetís, te lo volvés a repetir, otra vez toda la escena, de abrir la puerta, para la derecha, para la izquierda y llega un momento en que decís, basta. Pero te tenés que obligar a pensar todos los días en el espacio que decidís sobre esa compulsión. Va a llegar un momento que cuando aparezca, basta. Ni a la mañana, ni a la tarde ni a la noche. Ya me cansé.

Tenés que dejar de vivir en lo posible. Es posible que me ocurra esto. Es posible que un día mate a mi hijo. Es posible que un día me enferme. Es posible que por haber compartido el mate con la otra persona ahora me agarre una enfermedad mortal. Es posible que me vaya con otro hombre, tenga vida sexual con él, se entere mi marido y se arme un lío bárbaro. Todo es posible. Tu mundo es el mundo de las posibilidades, para vos todo lo malo siempre es posible. Y es posible que me quede pobre. Y te imaginás tomando mate debajo de una encina, de un árbol. Con un poco de leña que te dieron prendiste un fueguito, porque no hay nada para comer. Es posible y para vos todo lo negativo es posible.

Y hay mujeres que viven en el mundo de lo posible. Esto malo me va a pasar. Esto negativo me va a ocurrir. A mí me van a abandonar, me van a dejar. Voy a terminar volviéndome loca. No voy a tener un peso. A mí ningún hombre me va a querer, me voy a quedar soltera y viven en el mundo de lo posible, tienen ese pensamiento adelantado. Y tenés que dejar de vivir en el mundo de lo posible para empezar a vivir en el mundo donde él está.

Y el mundo donde Dios está es el mundo de lo imposible. Es el mundo donde te parece que eso no va a ocurrir. Te metés en el mundo de Dios y en su mundo lo que parece imposible es posible y lo que era posible Dios lo hace imposible. Dice, no te va a ocurrir eso, voy a hacer un milagro. Estoy en el mundo de lo que te parece que no puede ocurrir, estoy en el mundo de lo imposible y lo que hasta hoy no veías, lo vas a empezar a ver. Así que no es esa posibilidad, es lo que yo digo que se va a hacer en tu vida.

Aún si eso posible ocurriera, Dios lo va a transformar, porque Dios dice, yo hago lo imposible. Dios hace lo imposible. ¿Es posible que te vaya mal? Tal vez, como estás en el mundo de las posibilidades, es posible que te vaya mal. ¿Es posible que en la decisión que tomé me equivoque? Es posible que por la decisión que tomaste te equivoques, pero Dios lo va a dar vuelta por el imposible de él y va a decir, lo que no creías va a ocurrir en tu vida. Lo bueno viene para tu vida.

Dice Deuteronomio 1:6, le da una orden al pueblo, estuvieron mucho tiempo en este monte, que es la palabra profética para tu vida. Hoy, el 1º día de noviembre, el Señor dice, estuviste mucho tiempo en ese lugar. Ya es el momento de irte. Hay momentos en los que Dios da órdenes. Y necesitás saber escuchar la orden de Dios. Ya estuviste demasiado tiempo en ese monte.

Ese monte era el monte de Dios. ¿Y cómo Dios les dice, váyanse de mi monte? Era como decirles, váyanse de mi presencia. Ya estuvieron mucho tiempo acá y vayan a conquistar la nueva tierra que les di. Para conquistar la nueva tierra tienen que enfrentar a los nuevos enemigos, porque nuevos problemas, nuevos enemigos. Nuevas conquistas, nuevos enemigos.

Dios les dice, sálganse de mi monte, sálganse de mi presencia donde están muy cómodos y vayan a pelear por la tierra que les prometí, que ya es de ustedes. Hace mucho tiempo que estás dando vuelta con los mismos pensamientos y es hora de que vayas a pelear contra esos pensamientos, los arrojes de tu tierra de bendición. Pero Señor, a mi me gusta estar en tu presencia. Me gusta adorar, me gusta estar con los hermanos en la fe, me gusta cantarte, me gusta estar contenta, me gusta ayunar. Pero, sin embargo, eso no lo puedo resolver. Y Dios te dice, ¿querés resolverlo? Salí de ese monte.

¿Pero no tengo que orar ni ayunar más? Andá a conquistar. Orá y ayuná todo lo que quieras, pero andá a conquistar. ¿No será que tu vida es muy pasiva? ¿No será que tenés una vida espiritual teórica? ¿No será que necesitás moverte un poquito más y salir a conquistar a tus enemigos? ¿No será que hasta ahora te aguantaste y soportaste un montón de cosas pero decías, yo ayuno, oro, amo al Señor y por qué no puedo resolver esto? Porque estuviste mucho tiempo dando vueltas en el mismo problema y hoy Dios te dice, es tiempo de que salgas de esa situación, vayas a pelear con tus enemigos porque la tierra que te prometí es tuya, pero la tenés que ir a conquistar. Así que basta de llorar en mi monte, vayan a conquistar la tierra que ya les di.

Hay gente que usa la presencia de Dios para huir de su responsabilidad. Porque nadie quiere batallar con los problemas. Es más fácil pensar todo el día, creyendo que por pensar voy a solucionar algo. Es más fácil que ir y hacer lo que tenés que hacer. Y Dios hace tiempo que te dice, salí de mi monte, por eso el Señor Jesús vino a vivir dentro de nuestros corazones, para que donde vayamos, él esté con nosotros. No tenés que quedarte en el monte. Ya es tiempo de ir a conquistar a tus enemigos, porque hay una tierra que te pertenece, hay un sueño que es tuyo. El enemigo lo estuvo ocupando hasta el día de hoy, pero ese sueño te pertenece a vos. Dejá de llorar, de orar, de ayunar, de hacer reuniones de oración, cadenas de oración para que oren por vos y toda tu familia. Empezá a atacar esos pensamientos, esos miedos que tenés porque hay una tierra que te está esperando, que es tierra de bendición, de leche y de miel.

Estás cómoda, seguro. ¿Cómo podés estar cómoda sabiendo que te espera algo mejor? Yo no estaría cómoda. ¿Cómo podría estar cómoda comiendo queso de cerdo cuando sé que hay una mansión esperándome con variedades de comidas de todas clases, de todo el mundo? ¿Cómo puede ser que esté bien con mis 100 gramos de queso de cerdo? ¿Es lindo lo que estás viviendo?

Dios te dice, es una palabra profética, la primera palabra profética del mes de noviembre, que ya tenés que salir de ese monte, estás grande. ¿Cuánto más vas a sufrir? ¿Cuánto más te vas a quedar llorando el dolor, la angustia, la pena? ¿Cuánto más va a seguir dándole lugar a esos pensamientos que aparecen y parece que no los podés controlar, no los podés manejar y que te angustian y te levantás un día bien y otro día llorás y estás tres días llorando? ¿Hasta cuándo? Salí, dejá de dar vueltas, tomá una decisión de una vez por todas. ¿Y si me equivoco? Y si te equivocás, no te preocupes. ¿Creés que estuviste tanto tiempo dando vueltas en el monte para salir y meter la pata? Hacé algo, que Dios lo va a bendecir.

Sí, pero lo posible es que me agarren los gigantes, lo posible es que me maten, lo posible es que se burlen de mí, lo posible es que vuelva para atrás. Estás en el mundo de las posibilidades y Dios quiere que entres en el mundo de lo imposible. Si Dios está con vos, todo lo que hagas te va a salir bien. Aunque te equivoques, por más que tomes el camino más torcido, Dios te va a enderezar.

¿Por qué tenés que salir de ese lugar? Es fácil. Pensamos mil palabras por minuto, pero hablamos trescientas solamente. Hablás trescientas pero hay otras setecientas que te quedaron adentro y muchas veces lo que hacen es boicotear las trescientas que hablaste. Sí, quiero salir, sí, voy a hacerlo, sí, tengo fuerza, sí, Dios me bendice, Dios me ayuda, yo le creo a Dios. Son las trescientas que hablaste, pero setecientas te quedaron guardadas adentro en ese minuto y esas setecientas te boicotean las trescientas.

Viene alguien y te dice, ¡qué linda esa ropa que te pusiste! Le decís, gracias. Por dentro hay setecientas que te dicen, estás hecha un desastre, estás gorda. Qué fea. Podemos dar halagos, pero nos cuesta recibirlos. Podés hablar mucho de Dios, pero te cuesta vivir lo que Dios te está diciendo. Podés decir, voy a salir y después volver a recluirte en el ayuno, en la oración. No está mal, pero el problema es cuando huís de tu responsabilidad.

Somos como adolescentes con Dios, decimos todo que sí y después nos vamos corriendo por la otra puerta. Nos mentimos a nosotros mismos. Como mi hija. Le digo, estudiá. Me dice, ya estudié, ya entendí todo. Mentira, se miente, no entendió nada. Pero lo dice para hacer otra cosa. Y a veces somos así. Tenés que salir de dar vueltas en lo mismo, de boicotearte, porque tu vida es tuya. Nadie va a mover nada por vos. Sos la encargada de hacerte feliz. Sos el encargado de vivir bien. Nadie lo va a hacer y si te equivocás, es tu vida. Y Dios te sigue dando vida para que vuelvas a aprender de eso, lo vuelvas a hacer y vuelvas a recibir la victoria que él ya te dio, para que vuelvas a decir, acepto esa victoria. En algún momento se me tiene que dar, en algún momento me va a ir bien, pero no me doy por vencido.

Cuando era chica, mi papá trabajaba en una fábrica de calzado. Él tenía que viajar hasta Pilar, se iba todas las mañanas temprano, volvía a la noche tarde. Y me acordé de esto hace poco, revisando qué cosas me habían quedado buenas de mi papá en mi vida. Uno siempre ve las negativas que le quedaron. Estuve revisando qué me había quedado de bueno de mi papá, qué era lo que había imitado, tal vez sin darme cuenta. 

Me acuerdo que un día llegó a casa con un bolsito y las herramientas en la mano y mi mamá dijo, uy, se fue del trabajo. No sé qué vamos a hacer. Y él ahí abrió la fábrica de calzado. Empezó de cero, de la nada y abrió una fábrica de calzado. ¿Y por qué me vino el recuerdo? Porque me acordé que hice lo mismo. Para poder lograr mi sueño tuve que cerrar un montón de puertas, traerme mi maletita con lo que tenía, con lo que era solo mío y con lo único que había logrado e irme a abrir puertas en otro lugar.

Y me di cuenta por qué. Porque la vi a mi hija hacer lo mismo. Porque ella donde va le dicen, Stamateas, y le abren la puerta de par en par. Y me dice, no quiero eso, quiero hacer mi propio camino. Y está haciendo un camino que nadie hizo hasta ahora y se está matando. Primero le decía, ¿para qué tanto esfuerzo? Y después me di cuenta que era lo que había recibido de mí, que yo había recibido de mi papá.

Ella tiene su orgullo y quiere las cosas no por ser Stamateas, sino porque es Dámaris y porque tiene capacidad y  quiere demostrarla. Y me pareció impresionante porque nos venían a ofrecer, ¿tu hija quiere estar en alguna revista? Ella es productora de modas. ¿Quiere estar en una revista? ¿Por qué no viene a trabajar? No quiero. Y empezó con alguien que ni la conocía, ni sabía de ella. Y empezó a trabajar solo con su nombre. Y hoy está teniendo resultados por eso.

Porque tenés que saber que hay cosas que vas a tener que dejar en algún momento, que vas a tener que dejar de dar vueltas en el mismo monte que hasta ahora no te dio resultados, tomar tu valijita con las pocas o muchas herramientas que tengas pero empezar a hacer tu camino. Dejá el monte. Luchá con los miedos que tenés, luchá con los pensamientos que tenés. Pero sabés que el Señor está metido dentro de vos, que él te va a acompañar. No te va a dejar solo y vas a obtener la victoria.

Hace mucho tiempo que estás en ese monte dando vueltas. Dice, he aquí yo hago cosa nueva, pronto saldrá a luz, ¿no la conoceréis? ¿Por qué pregunta no la conoceréis? Dios siempre quiere hacer algo nuevo en nuestra vida. Por eso te quiere sacar del monte, del lugar conocido, del lugar que manejás, del lugar donde estás cómoda, aún de tu enfermedad que te hace sentir cómoda porque ya la conocés y te quiere mover de ahí.

Dios siempre te quiere mover, luchá, peleá, porque vas a ganar, porque estás conmigo. Estás con el gigante. No te van a poder vencer, así que andá y peleá tranquila. Andá, peleá, decidí tranquila. Vas a poder porque no estás sola. Pero el problema es, yo quiero hacer algo nuevo, pero ustedes, ¿le van a dar lugar en su pensamiento a lo nuevo? ¿No la conoceréis? ¿Van a poder conocer porque le van a dar lugar en su pensamiento a lo nuevo? ¿Hay espacio en tu cabeza para algo nuevo que Dios quiere hacer?

¿Hay espacio, o para vos ya está todo sentenciado? Ya sé que me va a ir así. Ya sé que este negocio no va a prosperar. Ya sé que mi hijo va a ser un desastre. Ya sé que me voy a morir de esto. ¿Estás en el mundo de lo posible, donde ya todo pasa así? ¿No habrá un espacio en tu mente para lo nuevo de Dios? ¿Dejás a Dios que te sorprenda y lo sorprendés a Dios con tu fe?  Sí Señor, eso nuevo lo vi antes y ahora lo recibo. Eso nuevo hace tiempo lo vi y ahora solamente lo recibo. Hay algo nuevo que Dios quiere hacer en tu vida.

Tenés que salir de ese monte. Dejá de dar vueltas en el mismo problema. Parate firme y decí, no lo vuelvo a vivir, otra vez pasar por este lugar no, otra vez vivir esta misma escena no, otra vez vivir esta misma pobreza no, otra vez escuchar estas mismas palabras no. Yo salgo a conquistar la tierra que Dios me prometió.

¿Cuál es el monte donde seguís dando vueltas? Ya estuviste mucho tiempo ahí, dice el Señor. Es hora de conquistar la tierra que te prometí. Es hora de conquistar tu sueño. Ya estuviste mucho tiempo en ese monte. No te vas a morir en ese monte, porque te estoy dando una orden de que salgas, te estoy dando una orden de que vayas a conquistar, porque estoy dentro de vos para vencer cualquier circunstancia que se presente. Así que salí del monte.

Un día leía que un jugador de golf que fue llamado por el rey de Arabia para ir a jugar golf con él. Y le puso su avión privado. Cuando fueron a jugar golf, una vez que terminaron el partido, el rey de Arabia le dijo, ¿qué quiere que le regale? Y él le dijo, no, nada. Para mí fue un honor jugar con usted, que es un rey. Dígame porque quiero regalarle algo. ¿Qué quiere que le regale? Y como insistió tanto el rey, le dijo, quiero que me regale un palo de golf. Muy bien, así va a ser.

Mientras se iba en el avión a su casa pensaba, ¿qué palo de golf me regalará el rey? ¿Va a ser de oro? Seguramente va a tener diamantes, piedras preciosas, debe ser una belleza, único en su género. Y tenía toda la fantasía de cómo iba a ser el palo de golf. Pero miraba todos los días su correo y no había ninguna novedad. No le había llegado nada, ningún regalo. Hasta que después de tres semanas le llegan unos documentos. El rey de Arabia le había regalado un campo de golf. La palabra palo de golf y campo de golf son parecidas. Cuando le pidió el palo de golf, el rey entendió a su nivel, entendió un campo de golf. Y se lo regaló.

Así es Dios. Tenés que meterte en la mente de Dios. Dejá de pensar en cosas pequeñas. Si Dios te va a dar tierra, te la va a dar a lo grande. Dios no anda con cosas chiquitas, no te dice, te doy un poquito para que te conformes, para que te alegres. No, Dios te dice, tengo un campo preparado para tu vida Tengo una tierra que es grande, pero necesito que te salgas del servilismo, de la esclavitud, de los pensamientos de mediocridad. Necesito que salgas de este monte y vayas a conquistar lo que es tuyo. 

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